Una noticia publicada hoy en el New York Post da cuenta de un suicida de 22 años que saltó desde el piso 39 de un edificio, aquejado de sus muchos problemas, y cayó sobre el parabrisas posterior de un Dodge Charger. Obviamente lo hizo añicos, lo atravesó, cayó en el asiento posterior… y se salvó la vida.

La fuerza del impacto fue tal que las zapatillas de Thomas Magill (22, el suicida) se salieron de sus pies y uno de ellos fue a parar al parabrisas de un auto que se encontraba algunos metros detrás. El tipo atinó sólo a gritar “¡mis piernas, mis piernas!”. Comprensiblemente, se habían roto, lo cual es algo leve para lo que hizo.

Al llegar al lugar del accidente, el propietario del vehículo (Guy McCormack, 40) sacó del auto unos rosarios de cristal y exclamó “aquí está lo que lo salvó”. Atribuyó que el tipo se haya salvado la vida a la intervención divina. Habrá que ver si la compañía de seguros también lo piensa y le paga la reparación del auto.

Magill estaba hasta el martes en la noche en condición crítica esperando cirugía para sus piernas rotas, pero quienes lo vieron, se sorprenden de que el tipo haya salido con vida.

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